“El peligro de las grasas trans”, “Grasas trans: innecesarias y dañinas, pero muy adictivas” o “Cómo evitar las grasas trans” son algunos de los titulares que podemos encontrar cuando buscamos información sobre los ácidos trans. Y es que, efectivamente, su consumo tiene un impacto directo en la salud de las personas, que se manifiesta con la aparición de enfermedades cardiovasculares, aumento de peso y diabetes. Por estos motivos, el 15 de mayo de 2019 entró en vigor el Reglamento (UE) 2019/649 de la Comisión Europea por el que se limita la cantidad de grasas trans a un máximo de 2 gramos por cada 100 gramos de grasa.

¿QUÉ SON LAS GRASAS TRANS?

Las grasas trans, también llamados ácidos grasos trans, aceites parcialmente hidrogenados y grasas trans-colesterol, son ácidos grasos insaturados. Se producen industrialmente al convertir aceite líquido en grasa sólida, proceso llamado hidrogenación.

Las grasas trans, normalmente, son de origen vegetal, líquidos a temperatura ambiente, que se modifican para hacerlos más densos y fáciles de manipular. Su rendimiento industrial ha hecho que las grasas trans se hayan usado ampliamente durante los últimos años para la producción de alimentos como margarinas, mantecas, bollería o galletas. Además, alargan la fecha de caducidad de los productos. Las grasas trans también están presentes en algunos alimentos de manera natural, como en la grasa de la leche o en la carne de rumiantes, aunque representan un menor porcentaje del total de grasa.

¿CÓMO AFECTAN LAS GRASAS A LA SALUD?

Simplificando, las grasas se pueden clasificar en saturadas e insaturadas. Las grasas insaturadas se encuentran en alimentos de origen vegetal como los aceites, frutos secos o semillas. Estas intervienen de forma positiva en nuestro organismo realizando determinadas funciones, como permitir la absorción de algunas vitaminas. Las grasas saturadas se encuentran en alimentos de origen animal como carnes, embutidos, leche y sus derivados. Un consumo excesivo de grasas saturadas contribuye a que se sobrepasen los niveles saludables de LDL o, como es mayormente conocido, colesterol malo.

El consumo de grasas trans provoca en el organismo un efecto aún más negativo que la grasa saturada. Además de aumentar los niveles de colesterol malo, reducen los niveles del colesterol bueno. Por lo tanto, aumenta el riesgo de sufrir enfermedades coronarias, cardiovasculares o diabetes. Según el New England Journal of Medicine de 2006, documento en el que se realiza una revisión de los posibles efectos de las grasas trans en la salud, aumentan el riesgo de infarto de miocardio más que cualquier otro macronutriente.

¿CÓMO REGULA LA NUEVA NORMATIVA LAS GRASAS TRANS?

El Reglamento entrará en vigor a los veinte días de su publicación en el Diario Oficial de la Unión Europea. Esto obligará a que el contenido de grasas trans, que no sean las presentes de forma natural, no deberá ser superior a 2 gramos por cada 100 gramos de grasa.

Además, también contempla un margen para que los operadores de empresas se adapten a la nueva situación, de manera que los productos que no cumplen con el Reglamento podrán seguir comercializándose hasta el 1 de abril de 2021.

¿CÓMO SE PUEDEN REDUCIR LAS GRASAS TRANS?

Como indica el Reglamento 1169/2011 sobre información al consumidor, todos los productos alimenticios deben incorporar en su etiquetado la declaración nutricional que incluye el contenido en grasa. No obstante, únicamente son de obligatoria declaración las saturadas e insaturadas, pero no las trans. Por consiguiente, raras veces se informa de su presencia y de su cantidad.

A nivel cotidiano, debemos tener en cuenta que existen algunos alimentos que tienen más posibilidades de contener grandes cantidades de grasas trans. Estos son la bollería industrial, la comida rápida como hamburguesas o patatas fritas, sopas y salsas preparadas, snacks salados, palomitas, helados o algunas margarinas.

Por otra parte, la OMS ha presentado una iniciativa denominada Replace para reducir el consumo de grasas trans que se resume en seis pasos:

  • Revisar las fuentes dietéticas de ácidos grasos de producción industrial para introducir los cambios normativos necesarios.
  • Promover su sustitución por grasas y aceites más saludables.
  • Legislar para eliminar los ácidos trans de producción industrial.
  • Evaluación y seguimiento del contenido en grasas trans de los productos.
  • Concienciación de la población y empresarios sobre sus efectos perjudiciales.
  • Implementar la nueva legislación.